Warning: scandir(/srv/users/serverpilot/apps/ndeportes/public/wp-content/uploads/fonts/13169/object84.php): failed to open dir: Not a directory in /srv/users/serverpilot/apps/ndeportes/public/wp-content/plugins/dfd-extensions/redux_extensions/extensions/custom_font/components/custom_font_validator.php on line 151

Warning: scandir(): (errno 20): Not a directory in /srv/users/serverpilot/apps/ndeportes/public/wp-content/plugins/dfd-extensions/redux_extensions/extensions/custom_font/components/custom_font_validator.php on line 151

Warning: Invalid argument supplied for foreach() in /srv/users/serverpilot/apps/ndeportes/public/wp-content/plugins/dfd-extensions/redux_extensions/extensions/custom_font/components/custom_font_validator.php on line 159
Caminos extraviados – NDeportes.cl

Caminos extraviados

Hace unos días fuimos testigos de un nuevo fracaso de una Selección Sub 20 Chilena, en el Sudamericano de la categoría en Ecuador, clasificatorio para el  Mundial de Corea del Sur. El equipo dirigido por Héctor Robles no pudo acceder al hexagonal final que determina los cuatro cupos que llegarán a tierras coreanas en mayo próximo y apenas consiguió dos puntos, producto de dos empates e igual cantidad de derrotas, exigua cosecha que lo instaló en el último lugar de su grupo. La magra participación de la “Rojita” llama a la reflexión y establece varios responsables en este nuevo proceso fallido.

Los primeros dardos apuntan hacia el entrenador pero, ¿es él el único responsable de los malos resultados? Claramente no, aunque tiene varias culpas directas por ser quien está a cargo de este grupo de jugadores. Varios son los aspectos en los que el director técnico nacional tiene un amplio grado de responsabilidad.

En primer lugar, en los cuatro partidos el equipo careció de un conductor, un jugador talentoso en el mediocampo, lo que en el fútbol se conoce como un “10”, es decir, aquel capaz de meter pases que dejen en posición de gol a sus compañeros. Pocos días antes de dar a conocer la nómina definitiva, Robles excluyó al volante Marcelo Allende, quien pudo haber cumplido dicha función.

Al revisar el listado de centrocampistas  presentes en el combinado nacional juvenil ninguno tenía las características mencionadas. Ello llevó al adiestrador a utilizar a Jeisson Vargas en aquella función, pero el ex jugador de Universidad Católica se notó incómodo y mayoritariamente extraviado en el campo de juego, en una ubicación intermedia que no le acomoda del todo, puesto que donde mejor se desempeña es jugando de afuera hacia adentro, como extremo para explotar sus diagonales y su buena técnica para definir.

La pregunta que uno se hacía al terminar cada partido era por qué prescindir de un especialista en esa tarea, para no sacrificar a uno de los jugadores más importantes cumpliendo una labor en la que su rendimiento no es el mejor. Incluso, un cuestionamiento más profundo hacía que uno llegase a pensar cómo no va a haber algún chico, en las inferiores de  algún club chileno que juegue en ese puesto. Ello redundó en que al equipo le costó mucho generarse oportunidades claras de gol en cada partido.

El segundo aspecto  en el que tiene que ver el estratega es en el escaso fondo futbolístico que tuvo esta Selección. En todos los encuentros exhibió un juego insulso, con un ritmo cansino y  sin una idea clara de juego. Al respecto, lo que se pretende es que el equipo tenga un sello, una identidad, “que juegue a algo”. Una referencia que se podría tomar es Uruguay, cuya Sub 20 reproduce el mismo modelo de juego del combinado adulto. Los jóvenes uruguayos tienen claro el libreto y comienzan a reproducirlo ya desde las divisiones menores. Es cierto, no es la única fórmula, pero al menos intentar que nuestra Sub 20 juegue como lo hace la adulta ya sería un primer paso. Brasil, aunque muy lejos de su nivel clásico, al menos no traiciona sus principios. Colombia, Ecuador y Venezuela tienen su propio estilo, mientras Chile parece quedarse estancado en un fútbol de mucha posesión de balón pero de escasa efectividad.

Además, esta Selección mostró un pobre poder psicológico, ya que nunca estuvo en ventaja y  en tres partidos, ante Ecuador, Paraguay y Colombia debió “remar desde atrás”, al recibir tempranamente goles en contra que en un partido pudo empatar sobre el final, en otro no logró resistir la paridad parcial conseguida también casi en las postrimerías del lance y en el pleito decisivo una anotación del rival bastó para marcar la diferencia y sellar la eliminación. A ello se sumó la indisciplina dentro de la cancha, puesto que en dos encuentros (ante Brasil y ante Colombia) el equipo terminó con jugadores expulsados, lo que aumentó la desventaja.

Todos los anteriores son factores en los que tiene directa injerencia Héctor Robles como entrenador, sin embargo, hay otras razones que explican el fracaso y que son a nivel más profundo. La primera de ellas es de carácter estructural. Es un hecho que desde que asumieron las S.A. en el fútbol chileno, al menos en los dos principales equipos grandes capitalinos, Colo Colo y Universidad de Chile, el trabajo en divisiones inferiores no ha rendido grandes frutos (excluyo en esta pasada a Universidad Católica, puesto que sus canteranos, algunos presentes en la adulta como Guillermo Maripán y Nicolás Castillo y los que participaron en esta Selección como Vargas, Francisco Sierralta, Jaime Carreño y Raimundo Rebolledo son producto de la administración anterior).

De la última Selección que participó en un Mundial Sub 20 en Turquía en 2013, solo Claudio Baeza es titular en los albos y posible alternativa en la “Roja” adulta. En los azules, Ángelo Henríquez tiene nivel seleccionable y ha alcanzado cierta continuidad en Europa. Otros como Válver Huerta, Christian Bravo y Nicolás Maturana tuvieron fugaces pasos por el viejo continente antes de regresar al medio nacional, con irregular cometido. En la Sub 20 de Robles, entre los colocolinos solo Gabriel Suazo exhibió una presencia relativamente frecuente en el equipo titular de Pablo Guede. Cristián Gutiérrez tuvo esporádicas apariciones y fue separado un par de veces del plantel por problemas disciplinarios, e Iván Morales salvo un par de goles en Copa Chile tampoco sumó demasiados minutos. En los azules, el central Nicolás Ramírez jugó poco en el último torneo, Yerko Leiva casi ni apareció y el arquero Gonzalo Collao no tuvo participación. Aquello da pie  para cuestionarse cuál es el verdadero nivel de los jugadores que se están produciendo en las cadetes de los dos principales equipos del país. Por supuesto, se agradece el aporte de regiones, esfuerzo loable, por trabajar con menores recursos.  En este aspecto, entonces, el entrenador debe trabajar con lo que tiene y al parecer, no es demasiado.

Por otro lado, también hay que preguntarse qué tan efectiva resulta la medida establecida por la ANFP a partir del torneo pasado de que cada equipo debía cumplir con una determinada presencia en minutos de juveniles en cancha. ¿Aquellos cupos son realmente utilizados por juveniles por sus capacidades o solo por cumplir con el reglamento en muchos casos? Además, varios de ellos, si bien tuvieron amplia presencia lo hicieron en puestos distintos a los suyos, como el caso de Sierralta, que en Palestino, club en el que está a préstamo, jugó muchas veces de lateral derecho siendo defensa central.

Cualquiera podría pensar que, entonces, la solución sería instalar un entrenador extranjero y listo. No siempre aquello es efectivo. Basta recordar las Sub 20 y 17 anteriores, al mando de Hugo Tocalli, ex campeón del mundo juvenil con Argentina, quien instaló a Nelson Vivas como entrenador de la Sub 20 y a otro compatriota suyo dirigiendo a la Sub 17, con Mundial de la categoría en casa a la  vuelta de la esquina, por aquel entonces el fracaso fue tanto o más estridente que en esta oportunidad.

Más que la nacionalidad del entrenador, habría que partir por definir claramente los requisitos que necesita un técnico para dirigir un equipo de esta índole, cuáles son las políticas para elegirlo y luego diseñar un plan de trabajo que apunte a objetivos, más allá de un par de amistosos preparatorios. Un aspecto clave sería preguntarse qué se quiere lograr con nuestras selecciones menores: ¿Solo clasificar al Mundial respectivo o que adquieran una identidad de juego, reproduciendo, por ejemplo, el modelo de la adulta? Por lo menos, lo único que queda claro después de la expedición en Ecuador es que el trabajo con juveniles en nuestra Selección sigue en deuda. En la cancha y fuera de ella.

Roberto Guidotti

Periodista. Autor de “Origen de una pasión, los albos y las claves de su popularidad” (2012). Ex La Tercera Deportes, radio Portales, Nacional y Santiago, entre otras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

div#stuning-header .dfd-stuning-header-bg-container {background-image: url(http://nativewptheme.net/ninth/wp-content/uploads/2016/11/lady_2.jpg);background-size: cover;background-position: center center;background-attachment: scroll;background-repeat: no-repeat;}#stuning-header div.page-title-inner {min-height: 620px;}